lunes, 1 de octubre de 2007

Los falsos pobres y la moda basura




Desde diseñadores de indumentaria hasta jóvenes de cualquier lugar del mundo lo llevan como un estandarte.
Es que el trash-glam (trash: basura) se ha convertido en un estilo. Vaqueros desgastados, agujeros expresamente diseñados, terminaciones de telas rasgadas.
Son los falsos pobres que se imponen creando tendencia. Aunque lo hagan dentro de exitosas profesiones, conduciendo un Audi, comiendo sushi o esquiando en Klosters.

Para algunos, este fenómeno corresponde a que la moda ha dejado de ser el reducto de una clase social determinada. El nivel de salario por persona es cada vez más alto (por lo menos en el primer mundo) y la globalización ha hecho posible el acceso a formas de vida que antes sólo se encuadraba en una muy pequeña minoría.
Esto no lo termina de definir. Lo cierto es que el término (trash-glam) reinvindica un no sé qué contestatario que ha sido asimilado por el sistema. Aparece en música unido al rock y al pop y se extiende a diferentes signos de la cultura.
Hoy, parecer pobre es lo máximo. Las marcas lo han entendido muy bien y lo lanzan como tendencia. Basta mirar las vidrieras de indumentaria o estar al tanto de las pasarelas. O caer en un restaurante recién inaugurado ya sea en Nueva York, París o Buenos Aires.
Hace ya bastante que una francesa asombrara al mundo vistiendo de jersey a las mujeres y dejando de lado brocatos y plumas. El estilo Chanel perduró a través del tiempo. En su momento impactó, no sólo por revolucionar el mundo de la moda y sus canones establecidos sino por encuadrar la estética femenina en lo que se llamó (para ese entonces) le stile pauvre gent. Pero Chanel siempre fue un lujo y mucho, mucho glamour.

Hoy, si la pobreza está de moda la basura también.
En México, se reciclan bolsas de plástico, envoltorios de papas fritas y galletas para crear monederos, bolsos y cinturones que se venden a más de doscientos dólares en Nueva York y Tokio. La India sigue el mismo camino. Moda basura en su sentido más literal; pero ecológica y quizás, bella.
Es que el sistema de mercado produce para generar residuos y crea negocios para recolectarlos y darles tratamientos diferentes. Cuando lo logra y los desechos son negociables, dejan de ser basura. La fórmula del éxito? Desechos más creatividad es igual a dinero.

Con este panorama me viene a la mente la frase de Fernando Savater: “Mi sueño es el de Picasso. Tener mucho dinero para vivir tranquilo como los pobres”.

1 comentario:

Magda B. de M. dijo...

Hasta ahora lo veía como simple hipocresía.
Tu post me ha hecho pensar que si se convierte en oportunidad para que los pobres reales salgan de la pobreza... entonces, toda esta historia, bienvenida sea.
¡Un saludo, Claudia!